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domingo, 8 de febrero de 2026

EL FUTBOLIN

 EL FUTBOLIN


El tesoro de hoy es uno de esos que cuesta encontrar. Sin marca visible, sin ningún logo. En aquella época se vendieron muchísimos modelos y, en muchos casos, eran productos genéricos, anónimos. Es verdad que compañías como Rima o Rico comercializaban futbolines infantiles, pero este en concreto no pertenecía a ninguna de ellas.

la caja era bastante grande

                                                                                          

Se trata de un futbolín de madera y plástico que me regalaron, creo recordar, en 1978 o 79. No estoy del todo seguro del año, pero sí del objeto. Los había de sobremesa y también con patas; el mío era de estos últimos y, además, las patas eran plegables, de metal. Un detalle que en su momento no valoré, pero que hoy me parece un lujo.

 
He pasado años buscándolo por internet sin éxito. Lo daba prácticamente por perdido, hasta que hace poco, navegando por una página de venta de segunda mano, me topé con él. Ese era el mío, lo supe al instante. Lo reconocí por algunos detalles muy concretos. Uno de ellos: los jugadores de plástico llevaban el pelo largo, quizá por la moda de la época. Lo curioso es que nunca volví a ver otro futbolín con ese tipo de figuras. Ese detalle lo tenía grabado a fuego.
He pasado años buscándolo por internet sin éxito. Lo daba prácticamente por perdido, hasta que hace poco, navegando por una página de venta de segunda mano, me topé con él. Ese era el mío, lo supe al instante. Lo reconocí por algunos detalles muy concretos. Uno de ellos: los jugadores de plástico llevaban el pelo largo, quizá por la moda de la época. Lo curioso es que nunca volví a ver otro futbolín con ese tipo de figuras. Ese detalle lo tenía grabado a fuego.


ESOS AGUJEROS SON PARA LOS ABACOS , PORTERIAS Y CESTAS


Como suele pasar con los recuerdos de la infancia, lo tenía en la cabeza mucho más grande. El tiempo y la memoria hacen esas cosas. En realidad mide unos 70 x 40 centímetros y unos 50 de altura. Pequeño, sí, pero más que suficiente para pasar horas y horas de fútbol, de risas, de piques y de goles celebrados como si fueran finales de un Mundial.


PORTERIA Y CANASTA YA EN SU SITIO

                                           


Pasé muy buenos momentos con este futbolín. Mi hermano mayor era un contrincante durísimo; solía ganarme casi siempre, pero me daba igual. Lo importante era el momento compartido. Yo elegía los jugadores blancos y él los rojos, como si eso me diera alguna ventaja. Aquellos partidos se convertían en auténticas batallas llenas de risas. Mi tío a veces se unía, y la emoción era aún mayor.

INCONFUNDIBLE JUGADOR CON MELENAS 


Y lo mejor de todo, lo que de verdad me llena de una alegría inmensa, es pensar que después de casi 50 años podré volver a jugar con el mismo futbolín. Esta vez con mis nietos. Compartir con ellos el mismo juguete, el mismo objeto que a mí me hizo tan feliz, es algo difícil de explicar.

Eso, amigos míos, no tiene precio.





                                         CREO  LOS ABACOS HAN QUEDADO BIEN

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